Desde que Rafael Ringuelet leyó el diario y escuchó la radio por primera vez, supo que su vida estaría ligada al periodismo.
Cuarenta años después, esa certeza empieza a resquebrajarse. La rutina, el desgaste y una mediocridad silenciosa que parece adormecerlo todo lo obligan a preguntarse qué fue de la profesión que alguna vez lo enamoró.
Cerca de la resignación, Rafael decide irse al mar. Allí inicia un viaje hacia atrás: los amigos, la familia, las calles de La Plata y las primeras lecturas le dan forma a un intento por avivar ese fuego sagrado que, en algún lugar, todavía late.